Teoría General de la Tensión

Agnew (1992) desarrolló la Teoría General de la Tensión, en parte, como respuesta a las críticas vertidas contra las teorías clásicas de la tensión. Basándose en la literatura sobre el estrés, Agnew (2006) amplió la definición de tensión para incluir «eventos o condiciones que no gustan a los individuos». Aunque esta definición abarca los tipos de tensión destacados por los teóricos clásicos de la tensión, también incluye una amplia gama de estresores que no se consideraban en las versiones anteriores de la teoría de la tensión. Incluye, por ejemplo, factores estresantes que pueden ser experimentados tanto por individuos de clase baja como de clase media.

La Teoría General de la Tensión define tres tipos principales de tensión.

El primer tipo principal de tensión tiene que ver con la incapacidad de los individuos para alcanzar sus objetivos, o «bloqueo de objetivos». Aunque las teorías clásicas de la tensión también se centraban en el bloqueo de objetivos, solían centrarse en un único tipo de bloqueo de objetivos, a saber, la disyunción entre las aspiraciones y las expectativas. Por ejemplo, se argumentaba que los individuos experimentan tensión cuando aspiran a alcanzar el éxito monetario pero no esperan conseguirlo, porque perciben que la meta del éxito está fuera de su alcance. Sin embargo, Agnew (1992) sostiene que hay otros tipos de bloqueo de metas que son importantes y que pueden tener una relación más fuerte con el crimen y la delincuencia. Después de todo, las aspiraciones suelen implicar objetivos o resultados ideales y tienen un carácter algo utópico. Por esta razón, las aspiraciones incumplidas pueden no ser una fuente clave de tensión o frustración. La Teoría General de la Tensión reconoce que la experiencia de bloqueo de objetivos también puede ser el resultado de no lograr los resultados esperados (por ejemplo, no recibir los ingresos esperados), así como de no lograr resultados justos y equitativos (por ejemplo, no recibir los ingresos «merecidos»). A su vez, se espera que estos últimos tipos de bloqueo de objetivos tengan una mayor asociación con la experiencia de decepción e insatisfacción.

Cabe señalar que, en la Teoría General de la Tensión, los objetivos y resultados que son importantes para los individuos ya no se limitan a los ingresos o a la condición de clase media. El bloqueo de objetivos puede incluir la incapacidad de alcanzar otros objetivos valorados, como el respeto y el estatus masculino (por ejemplo, la expectativa de que uno sea tratado «como un hombre»), la autonomía (por ejemplo, el deseo de alcanzar un cierto grado de independencia personal) y el deseo de excitación. Estos objetivos son especialmente importantes para los jóvenes varones y se cree que la incapacidad de alcanzarlos es una importante fuente de tensión. La Teoría General de la Tensión, por tanto, amplía en gran medida la noción de bloqueo de objetivos y reconoce que los individuos persiguen una variedad de objetivos más allá del éxito económico o el estatus de clase media.

El segundo tipo principal de tensión implica la presentación de estímulos nocivos o valorados negativamente. Este tipo de tensión incluye experiencias en las que el individuo está expuesto a circunstancias indeseables o es receptor de un trato negativo por parte de los demás, como el acoso y la intimidación por parte de los compañeros, las relaciones negativas con los padres y los profesores, o la victimización delictiva.

El tercer tipo principal de tensión implica la pérdida de estímulos valorados positivamente. Este tipo de tensión implica la pérdida de algo valioso y abarca una amplia gama de acontecimientos o experiencias indeseables, como el robo de una propiedad valiosa, la pérdida de una relación romántica o la retirada del amor de los padres.

Relación entre la Teoría General de la Tensión y la delincuencia

Según la Teoría General de la Tensión , la razón principal por la que estas tensiones están relacionadas con la delincuencia y el crimen es porque aumentan la probabilidad de que los individuos experimenten emociones negativas, como la ira, el resentimiento, la ansiedad y la depresión. Se dice que estas emociones generan presiones para corregirlas activamente, siendo el comportamiento delictivo una posible respuesta. Los individuos estresados pueden recurrir al crimen o a la delincuencia porque les permite abordar la fuente de las tensiones o porque les permite aliviar las emociones negativas que tienden a acompañar a las tensiones (aunque las respuestas criminales o delictivas puedan causar más problemas a largo plazo). Por ejemplo, los individuos pueden intentar escapar de los entornos asociados a la tensión (por ejemplo, huir de casa o faltar a la escuela), pueden intentar satisfacer los deseos de represalia o venganza devolviendo el golpe a la fuente de tensión, o pueden intentar aliviar las emociones negativas a través de medios delictivos, como el consumo de sustancias ilícitas.

La Teoría General de la Tensión, por tanto, se distingue de otras teorías criminológicas por el papel central que asigna a las emociones negativas en la etiología de la delincuencia (Agnew, 1995). También se distingue por el énfasis que pone en determinadas tensiones, especialmente las tensiones que implican relaciones sociales negativas. Algunas tensiones que entran en esta categoría como la discriminación racial han sido ignoradas por otras teorías.

La emoción de la ira desempeña un papel especial en la Teoría General de la Tensión porque se cree que es especialmente propicia para la delincuencia y la violencia. Aunque el crimen y la delincuencia pueden producirse en respuesta a otras emociones negativas, la ira es algo único en el sentido de que tiende a producirse cuando la tensión se achaca a otros. Además, la experiencia de la ira tiende a reducir la tolerancia a las lesiones o a los insultos, disminuye las inhibiciones, energiza al individuo para la acción y crea deseos de represalia y venganza (Agnew, 1992).

La experiencia de tensión crónica o repetida, en particular, puede debilitar las relaciones con los demás de forma convencional y, por tanto, dar lugar a un bajo control social. También puede fomentar creencias favorables a la delincuencia (por ejemplo, la creencia de que el delito está justificado), aumentar el atractivo de los grupos de compañeros delincuentes (dichos grupos pueden ser vistos como una solución a la tensión) y contribuir a ciertos rasgos que favorecen la delincuencia, como la emocionalidad negativa y el bajo autocontrol.

Una crítica clave a las teorías clásicas de la tensión es que no explican del todo por qué sólo algunos individuos sometidos a tensión recurren a adaptaciones delictivas o criminales. La Teoría General de la Tensión se desarrolló teniendo en cuenta esta crítica (Agnew, 1992). La teoría reconoce que la tensión no conduce automáticamente al comportamiento delictivo y que dicho comportamiento es sólo una posible respuesta a la tensión. Normalmente, los individuos sometidos a tensiones siguen estrategias de afrontamiento legales, como presentar una denuncia, recurrir a un amigo para obtener apoyo emocional o esperar un futuro mejor. Sin embargo, en determinadas condiciones, es más probable que se produzcan respuestas delictivas o criminales a la tensión.

Persistencia de la delincuencia a lo largo del tiempo

Para explicar la persistencia de la delincuencia, algunos criminólogos destacan el papel de los rasgos de personalidad estables, como la baja inteligencia, la impulsividad o la hiperactividad (Moffitt, 1993). Se dice que estos rasgos interfieren en el desarrollo de fuertes vínculos con los demás convencionales y otros intereses de conformidad. Estos rasgos están relacionados con el fracaso escolar, la inestabilidad laboral, la asociación con compañeros delincuentes y criminales y, en última instancia, un patrón de delincuencia persistente. La Teoría General de la Tensión ofrece una explicación similar de la delincuencia persistente en el curso de la vida, pero se centra especialmente en el rasgo de «agresividad» (Agnew, 1997). Los individuos agresivos pueden describirse como personas con un temperamento difícil: son irritables y tienen una baja tolerancia a la frustración. El rasgo de agresividad puede ser el resultado, en parte, de tensiones crónicas experimentadas en la infancia, como la disciplina paterna dura o errática.

Según el Teoría General de la Tensión , el rasgo de agresividad contribuye a alimentar el comportamiento antisocial persistente por al menos tres razones. En primer lugar, los individuos agresivos son propensos a interpretar cualquier situación como frustrante y a culpar a los demás de su frustración. Como resultado, en comparación con los individuos no agresivos, los individuos agresivos son más propensos a responder a diversas situaciones con ira y a hacer frente a la delincuencia. En segundo lugar, dado su difícil temperamento, los individuos agresivos suelen provocar reacciones negativas en los demás. Por ejemplo, los niños agresivos suelen frustrar a sus padres y corren el riesgo de sufrir abusos emocionales y físicos, sobre todo cuando son criados por padres inexpertos. Los niños agresivos también pueden frustrar a sus compañeros y profesores, lo que provoca un rechazo social.

En tercer lugar, los individuos agresivos tienden a clasificarse en entornos caracterizados por altos niveles de tensión. Como resultado de su difícil temperamento, los individuos agresivos tienen dificultades para mantener relaciones y empleos estables. Pueden terminar en matrimonios y trabajos de baja calidad que resultan ser fuentes de tensión crónica, y que promueven aún más la persistencia de una alta tasa de delincuencia (Agnew, 1997).

Diferencias de género en la delincuencia

Los hombres son mucho más propensos que las mujeres a delinquir, y la diferencia de género en la delincuencia es mayor en los delitos graves. Se han ofrecido diversas explicaciones para explicar esta diferencia de género en la delincuencia. Algunos criminólogos sostienen que, en comparación con los hombres, las mujeres tienen menos libertad u oportunidades para delinquir. Por ejemplo, las mujeres están sujetas a un mayor nivel de supervisión por parte de sus padres, tienen un mayor nivel de compromiso con la familia y la escuela, y es menos probable que se asocien con compañeros delincuentes. Se dice que estos factores restringen a las mujeres, limitando su capacidad para delinquir. Otros teóricos enfatizan el papel de la socialización, argumentando que los hombres son más propensos a delinquir porque han interiorizado valores «masculinos» que conducen a la delincuencia y la violencia, como la competencia y la agresividad (Agnew y Brezina, 2015).

Los teóricos de la tensión general reconocen estos factores, pero ofrecen dos razones adicionales para la brecha de género en la delincuencia y el crimen (Broidy y Agnew, 1997). En primer lugar, sostienen que la brecha de género en la delincuencia está relacionada, en parte, con los diferentes tipos de tensión que experimentan los hombres y las mujeres. Las pruebas en este ámbito sugieren que, por término medio, los hombres y las mujeres experimentan el mismo nivel general de tensión. Sin embargo, los hombres son más propensos a experimentar esos tipos particulares de tensión que están fuertemente relacionados con la delincuencia y la criminalidad, como la dura disciplina de los padres, las experiencias escolares negativas, la victimización criminal y la falta de vivienda.

En segundo lugar, algunos datos sugieren que la respuesta a la tensión está condicionada por el género, ya que los hombres son más propensos a enfrentarse a la tensión de forma delictiva o criminal. Aunque la razón de esta respuesta de género aún no está clara, existen varias posibilidades. Es posible, por ejemplo, que los varones sean más propensos a enfrentarse a la delincuencia porque tienen una mayor tendencia a asociarse con compañeros delincuentes, o porque tienen niveles más bajos de apoyo social convencional. Otra posibilidad es que los hombres sean más propensos a reaccionar ante la tensión con emociones que conducen a la delincuencia, como la indignación moral. Se ha sugerido que, en respuesta a la tensión, las mujeres son más propensas a culparse a sí mismas o a preocuparse por el posible daño a las relaciones interpersonales. Las mujeres siguen enfadándose, pero también pueden ser muy propensas a experimentar simultáneamente las emociones de la depresión y la ansiedad. Por lo tanto, las mujeres pueden reaccionar a la tensión con una compleja combinación de emociones que, en conjunto, son menos propicias para delinquir.

Diferencia comunitarias en la delincuencia

La Teoría General de la Tensión es principalmente una teoría psicológica social, centrada en la relación entre el individuo y su entorno social inmediato. Sin embargo, Agnew (1999) sostiene que los procesos relacionados con la tensión psicológica social pueden utilizarse para explicar los patrones de delincuencia que aparecen a nivel de escuelas, barrios y comunidades más amplias.

¿Por qué, por ejemplo, algunas comunidades tienen índices especialmente altos de delincuencia y violencia? La variación de la delincuencia en las unidades sociales a nivel macro suele explicarse en términos de subculturas desviadas o de ruptura del control social. Según las explicaciones subculturales, las características de las comunidades con altos índices de delincuencia (especialmente las desventajas económicas) fomentan el desarrollo de orientaciones subculturales, incluidas las actitudes y los valores que favorecen la delincuencia (por ejemplo, Anderson, 1999). Según las teorías de la desorganización social, estas comunidades han perdido la capacidad de controlar a sus miembros debido, en parte, a la inadecuada supervisión de los jóvenes (por ejemplo, Sampson, Raudenbush y Earls, 1997).

Además de las orientaciones subculturales y de los fallos en el control social, la Teoría General de la Tensión afirma que las comunidades con altos niveles de delincuencia tienden a sufrir una proporción relativamente alta de residentes enfadados y frustrados (Agnew, 1999). Se cree que esta ira y frustración es una fuente importante de motivación desviada y se dice que es una función de tensiones graves y persistentes. Por ejemplo, los jóvenes de las comunidades pobres del centro de la ciudad experimentan altos niveles de desintegración familiar, abuso y negligencia, exposición a la violencia comunitaria, problemas escolares, pobreza persistente, desempleo, subempleo y lucha por alcanzar objetivos relacionados con el dinero y el estatus (Brezina y Agnew, 2013). También se enfrentan a mucha discriminación de clase y racial/étnica, incluyendo experiencias negativas con la policía y otros representantes de la sociedad en general (véase Bernard, 1990).

Los jóvenes de las comunidades del centro de la ciudad también pueden tener una tendencia a hacer frente a la tensión de una manera delincuente, dada la falta de recursos de afrontamiento y las opciones limitadas de afrontamiento legal. En particular, suelen carecer de los recursos de afrontamiento de los que disponen los habitantes de comunidades más ricas, como el dinero, el poder y el apoyo social convencional. Por lo general, tienen menos control sobre sus vidas, ya que les resulta difícil alejarse de los entornos adversos, y tienen menos oportunidades para hacer frente a la situación legal, debido a las malas escuelas y a las escasas oportunidades de trabajo. Al mismo tiempo, los jóvenes de los centros urbanos suelen encontrar numerosas oportunidades de afrontamiento delictivo, como la pertenencia a bandas y la venta de drogas (Brezina y Agnew, 2013).

Además, se dice que la alta densidad de individuos tensos en esas comunidades genera mucha fricción interpersonal. Aumenta la probabilidad de que los residentes interactúen con otras personas enfadadas, molestas y potencialmente hostiles. También aumenta la probabilidad de que los individuos enfadados y frustrados se encuentren entre sí, lo que contribuye a elevar los índices de delincuencia y violencia (Agnew, 1999).

Fuente
Brezina, T. (2017). General Strain Theory. In Oxford Research Encyclopedia of Criminology and Criminal Justice. Oxford University Press.