¿Qué rastros podemos encontrar en la escena del crimen?

Pruebas de rastreo

Edmond Locard, fundador del Instituto de Criminalística de la Universidad de Lyon (Francia), desarrolló lo que se conoce como el principio de intercambio de Locard. En él se afirma que «todo contacto deja un rastro», lo que implica que un delincuente dejará y se llevará rastros cuando se encuentre en la escena del crimen. Las pruebas de rastro suelen referirse a muestras diminutas de una sustancia, en particular fibras, pelos, fragmentos de vidrio y trozos de pintura. Las escenas del crimen suelen contener rastros, a menudo causados por el contacto inconsciente del delincuente con las superficies y que dejan o recogen partículas.

La presencia de rastros depende especialmente de su persistencia, ya que algunas partículas y sustancias permanecen en una superficie más fácilmente y durante más tiempo que otras. El grado de persistencia de las pruebas depende del tamaño y la forma de la partícula, la cantidad depositada, la actividad entre la deposición y la recuperación, la naturaleza del entorno y el tiempo transcurrido. Las partículas pequeñas persistirán durante más tiempo que las grandes, ya que es más probable que se alojen en el material de la superficie. Las superficies irregulares, como algunos tejidos y la madera, acumulan partículas con más facilidad que las superficies lisas, ya que pueden existir pequeñas grietas a las que se adhieren las partículas.

Cuando se encuentran rastros, hay que tener en cuenta numerosos factores. La regularidad de un material es de gran importancia, ya que los elementos extremadamente comunes pueden no ser especialmente útiles. Los rastros inusuales o exclusivos de un entorno o escenario concreto son los que tienen mayor importancia para la investigación. Algunas formas de rastros pueden ser especialmente inusuales en un lugar de los hechos, lo que les confiere una importancia especial. Hay que tener en cuenta que la falta de rastros puede indicar una limpieza exhaustiva por parte del autor o que el suceso no se produjo en ese lugar.

En la recogida de rastros se emplean varios métodos, que dependen del tipo y la naturaleza de las pruebas. Los elementos más grandes, como las fibras largas, pueden recogerse a mano o con pinzas. Uno de los métodos más sencillos de recuperación es agitar el objeto sobre una hoja de papel o un recipiente. Sin embargo, esto no permite documentar la ubicación exacta de las pruebas en el artículo. Algunas partículas no se desprenden al agitar el objeto, por lo que puede ser necesario cepillar el objeto. Un método habitual de recogida de rastros es la técnica del encintado, especialmente beneficiosa en el caso de las fibras y los pelos. Se aplica una tira de cinta adhesiva transparente a la superficie, se despega y se coloca contra una tarjeta de soporte. Esto permite anotar la ubicación exacta de la prueba de rastreo. El levantamiento por vacío es un método especialmente útil para la recogida de rastros. La escena se divide en cuadrículas más pequeñas para facilitar la documentación. El vacío se utiliza en cada cuadrícula con un filtro diferente cada vez. Cada filtro individual puede ser empaquetado y analizado por separado, lo que permite anotar la ubicación exacta de los elementos de prueba en la cuadrícula. Este método no es tan preciso como el de la cinta adhesiva, pero es ideal para la recogida de partículas.

Fibras

Las fibras que se encuentran habitualmente en muchos lugares del crimen pueden ser naturales o sintéticas. Las fibras naturales se obtienen generalmente de fuentes animales o vegetales, con ejemplos comunes como el algodón, la seda y la lana. Suelen ser de sección circular y tienen cutículas escalares. Suelen ser fácilmente transferibles y a menudo se entrelazan con otras fibras, lo que las hace más persistentes. La aplicación de calor puede hacer que se enrosquen. Sin embargo, desde el desarrollo del nailon en 1939, las fibras artificiales han sustituido cada vez más a las fibras naturales, sobre todo en las prendas de vestir. La mayoría de las fibras naturales tienen un aspecto distintivo que puede detectarse mediante microscopía. Sin embargo, la seda y las fibras sintéticas se producen extrayendo y solidificando un líquido, lo que les confiere una superficie lisa y desgraciadamente indistinguible. Estas fibras pueden presentar una variedad de formas transversales, aunque raramente circulares, y casi siempre están teñidas y son menos persistentes en las superficies. Ejemplos comunes de fibras sintéticas son el poliéster, el nailon y el rayón.

Las fibras rara vez pueden utilizarse para realizar una identificación positiva exacta. Por lo general, primero se lleva a cabo una comparación por pares de una muestra estándar y la muestra del lugar del delito para comparar el color y el diámetro de las fibras. Las características morfológicas que pueden ayudar a la comparación son las estrías, las picaduras en la superficie de la fibra, la pigmentación y la forma de la fibra a través de una vista transversal.

Deben tomarse muestras estándar de la escena del crimen para compararlas posteriormente con las muestras sospechosas. Mediante la microespectrofotometría, se puede hacer pasar la luz a través de la fibra, una parte de la cual es absorbida y otra atraviesa la fibra. Al examinar qué longitudes de onda se absorben, se puede determinar la naturaleza y el color de la fibra. La espectrometría de masas por cromatografía de gases (GC-MS) se utiliza para estudiar la composición química de las fibras analizando la muestra para establecer los componentes individuales. Sin embargo, se trata de un método destructivo que sólo debe emplearse tras la realización de análisis no destructivos.

Pelo

La cabeza humana desprende cada día aproximadamente 100 cabellos de forma natural, por lo que a menudo se encuentran en las escenas del crimen. El cabello humano pasa por una serie de tres fases de crecimiento. La anágena es la fase de crecimiento, que puede durar hasta seis años. Le sigue la fase catágena, que es esencialmente una fase de transición que dura varias semanas. Por último, está la fase de reposo, el telógeno, que puede durar hasta seis meses. El examen de un cabello recogido puede ayudar a establecer en qué fase de este ciclo se encontraba el cabello. Si se arranca un pelo durante la etapa anágena, la raíz tendrá forma de bulbo, será cónica y lo más probable es que haya tejido folicular adherido. Durante la etapa catágena, la raíz del cabello es larga y delgada. Por último, en la etapa telógena, la raíz tiene forma de garrote y el pelo se desprende de forma natural. Basándose en las características morfológicas, los expertos pueden clasificar los pelos humanos encontrados en uno de los seis tipos siguientes: cabeza, facial, cejas/pestañas, cuerpo, axilar y pubis. El pelo está compuesto por la médula (núcleo interno), la corteza (capa circundante) y la cutícula (capa de recubrimiento). La corteza contiene los gránulos de pigmento que determinan el color del pelo. La cutícula externa se asemeja a una sola capa de escamas superpuestas.

La corteza del pelo rodea a la médula y está formada por gránulos de pigmento y diminutas burbujas de aire conocidas como fusi. La cutícula es la capa que recubre el pelo, que consiste en una serie de escamas superpuestas. Estos patrones de escamas pueden ser coronales, pétalos o umbricados, siendo su patrón especialmente útil para establecer las especies. Los patrones de escamas coronales son simétricos y se superponen, y no suelen aparecer en los pelos humanos (Cheyko y Petreco, 2003). Las escamas pétreas tampoco se encuentran en los humanos y su aspecto se asemeja al de las escamas de un reptil. Por último, las escamas umbricadas, que se superponen sin un patrón aparente, son las más comunes en el cabello humano.

La médula, la sección central de un cabello, es particularmente útil por varias razones. La médula puede clasificarse como ausente, fragmentada, interrumpida o continua. La mayoría de los cabellos humanos no tienen médula o la tienen fragmentada, a excepción de los individuos de raza mongólica, que suelen tener una médula continua. Si el pelo procede de un animal, es probable que la médula sea continua o interrumpida. El índice medular, expresado como una relación entre el diámetro del tallo y el diámetro de la médula, puede utilizarse para distinguir entre el cabello humano y el animal. En un pelo de animal, la médula representa más de la mitad de su diámetro, mientras que en un pelo humano sólo ocupa un tercio.

El examen del pelo encontrado puede ayudar a determinar el origen del mismo, basándose en su longitud, forma, tamaño, color y aspecto microscópico. Los pelos de la cabeza suelen tener la punta partida o cortada, y pueden tener alteraciones, como tintes u otras aplicaciones químicas. Los pelos del pubis tienen un aspecto grueso y enjuto, con una médula continua o interrumpida. Los pelos faciales también tienen un aspecto grueso, a menudo con una sección transversal triangular. Los pelos de las extremidades son más cortos y tienen forma de arco.

El examen microscópico del cabello humano permite clasificarlo en uno de los tres grupos raciales. Los cabellos caucasoides o europeos suelen ser de grosor fino a medio en una gama de colores. Suelen ser rectos u ondulados, tienen una sección transversal redonda u ovalada y presentan gránulos de pigmento de tamaño medio distribuidos uniformemente. De tamaño medio, suelen ser rectos u ondulados. Los pelos mongoloides/asiáticos suelen ser gruesos, rectos y de sección circular, con un diámetro mayor y una cutícula más gruesa. Los gránulos de pigmento son de tamaño medio y se agrupan en parches en lugar de distribuirse uniformemente. Los pelos negroides tienden a ser rizados, con secciones transversales aplanadas u ovaladas y gránulos de pigmento más grandes.

La edad de un individuo no puede determinarse con precisión a partir del análisis del pelo, aunque hay algunos indicadores que pueden ser útiles. Por ejemplo, el pelo de los bebés tiende a ser muy fino y suele contener pocos indicadores raciales. También es menos probable que esté teñido. El pelo de una persona mayor puede mostrar signos de pérdida de pigmento y suele tener un diámetro variable.

Si se extrae un cabello a la fuerza, quedará una raíz que contiene tejido maduro para el análisis del ADN nuclear. Sin embargo, si no hay raíz, puede ser posible extraer ADN mitocondrial. Dado que el pelo crece a partir de los folículos de la piel, cualquier sustancia ingerida por el cuerpo suele ser absorbida por el pelo, por lo que éste puede analizarse para detectar la presencia de diversas sustancias químicas. Los medicamentos y las toxinas ingeridas por el individuo pueden aparecer en el pelo, al igual que ciertos metales procedentes de los piercings. A la inversa, la falta de ciertos materiales también puede ser importante, como la cantidad insuficiente de nutrientes vitales. La localización exacta de estas sustancias en el cabello puede servir de cronología, ayudando a los expertos a establecer cuándo se introdujo esa sustancia en el organismo. Aunque el análisis del cabello puede sugerir la presencia de determinados elementos y compuestos, deben realizarse más pruebas para confirmarlo, como análisis de sangre u orina.

Puede ser necesario recoger varios cabellos de una víctima o de un sospechoso para compararlos. Los pelos recogidos en el lugar del crimen se comparan con muestras estándar mediante un microscopio de comparación, lo que permite verlos uno al lado del otro. Para estudiar un corte transversal, el cabello puede ser incrustado en cera de parafina y cortado en secciones finas para su examen. El primer paso en el examen del pelo es establecer si pertenece a un ser humano o a un animal. Si se dispone de una amplia colección de muestras de referencia, es posible determinar la especie de un pelo basándose en su aspecto. Los cabellos humanos tienden a ser de sección circular, lo que los hace fácilmente identificables.

El vidrio

El vidrio es un producto inorgánico de fusión, compuesto esencialmente por el calentamiento de una mezcla de arena (dióxido de silicio, SiO2), piedra caliza (carbonato de calcio) y sosa (carbonato de sodio), junto con diversas impurezas. Los distintos tipos de vidrio se producen de manera diferente, y la forma en que se fabrica el vidrio hace que se comporte de manera diversa. El vidrio para ventanas, quizá el más común, suele presentarse como una lámina plana y transparente compuesta de vidrio sodocálcico. No resiste las altas temperaturas ni los cambios bruscos de temperatura, y puede resultar dañado por sustancias corrosivas. El vidrio templado, utilizado habitualmente en las ventanillas de los vehículos, es mucho más resistente. Esta resistencia se consigue gracias a la introducción de fuerzas adicionales en cada lado del vidrio mediante el rápido calentamiento y enfriamiento durante la fabricación. En caso de impacto, el vidrio se rompe en pequeños cuadrados, lo que lo hace especialmente útil para las ventanas laterales y traseras de los coches. Sin embargo, el vidrio laminado se fabrica con una capa de plástico entre las hojas de vidrio, que lo mantiene unido si se rompe. Se utiliza a menudo en los parabrisas de los coches y en los escaparates de las tiendas. Las distintas formas de vidrio se colorean añadiendo pequeñas cantidades de metales, como el cobalto para el color azul y el cromo para el verde.

Debido a la naturaleza del vidrio y a su comportamiento, es posible determinar si dos piezas de vidrio proceden de la misma fuente. La densidad y el índice de refracción del vidrio pueden utilizarse para distinguir entre fragmentos. La densidad se determina pesando las muestras y midiendo el volumen, utilizando la fórmula densidad = masa / volumen. La densidad de dos fragmentos de vidrio también puede determinarse suspendiendo el vidrio en un líquido para calcular su densidad. El índice de refracción del vidrio es su capacidad para desviar la luz que lo atraviesa, lo que permite identificar el tipo de vidrio en función del número que se le asigna, utilizando el aparato GRIM (Glass Refractive Index Measurement). Sin embargo, hay que tener en cuenta que el vidrio cambia su índice de refracción cuando se calienta.

Los trozos de vidrio roto pueden reconstruirse físicamente para formar el objeto o cristal original. Estudiando este vidrio, el investigador puede determinar de qué lado del vidrio provino el impacto. Cuando un proyectil golpea la superficie de un cristal, el vidrio se dobla ligeramente antes de romperse. Esto hace que se produzcan fracturas radiales en el lado del cristal opuesto al punto de impacto. Si estas fracturas encuentran una línea de fractura preexistente, terminarán, lo que permite establecer el orden en que se produjeron las fracturas. Un proyectil rápido, como una bala, dejará un agujero en forma de cráter en el cristal, mientras que un proyectil lento suele romper todo el cristal. A menudo se encuentran pequeños fragmentos de vidrio en la ropa del autor o de cualquier otra persona que se encuentre en las inmediaciones cuando se rompe el cristal. Mientras que la mayoría de los cristales caen hacia el interior con el impacto, los fragmentos salen despedidos en dirección contraria, lo que se conoce como retrodispersión. Estos fragmentos se adhieren a la ropa y al calzado incluso después de lavarlos. Sin embargo, alrededor del 90% de los fragmentos de vidrio se desprenden de la ropa en las 24 horas siguientes a su deposición.

Pintura

La pintura es un líquido manufacturado que se seca para formar una capa fina y dura. Se compone de una serie de componentes principales. Se trata de portadores, pigmentos, modificadores, extendedores y aglutinantes. El soporte es la sustancia que se solidifica al evaporarse el disolvente, que suele ser un líquido orgánico. El pigmento da el color a la pintura, siendo a menudo una sustancia específica para determinados colores. Los pigmentos azul y verde suelen proceder de compuestos orgánicos, mientras que los colores rojo, amarillo y blanco suelen proceder de compuestos inorgánicos. En cambio, los modificadores suelen controlar las propiedades de la pintura, como la flexibilidad, el brillo y la resistencia al desconchado. Los extendedores, como su nombre indica, añaden volumen a la pintura y mejoran su cobertura. Por último, los aglutinantes son resinas naturales o sintéticas que estabilizan y mejoran la pintura.

El análisis de la pintura puede adoptar tres formas: mecánica, física y química. El análisis mecánico trata de hacer coincidir los copos de pintura, como si se tratara de un rompecabezas. El análisis químico pretende establecer la composición exacta de una muestra mediante diversas técnicas de cromatografía. El análisis físico de la pintura se refiere al color, la textura, el grosor, el aspecto y el patrón de aparición. Todo ello puede determinarse mediante la microscopía.

La pintura de los automóviles a menudo puede rastrearse hasta una marca e incluso un modelo específicos, lo que resulta especialmente beneficioso en los incidentes de atropello y fuga en los que se han dejado restos de pintura del coche sospechoso en la escena del crimen. Como cada fabricante de automóviles mezcla las pinturas con una fórmula específica, dos tonos aparentemente idénticos pueden tener en realidad composiciones distintas. Estos fragmentos pueden haberse transferido a la ropa de la víctima, a otro vehículo o simplemente haberse dejado en el suelo tras el impacto.

Fuente
Trace Evidence. (s/f). Aboutforensics.co.uk. Recuperado el 10 de noviembre de 2021, de https://aboutforensics.co.uk/trace-evidence/

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