Teoría de la elección racional

La teoría de la elección racional tiene su origen moderno en un artículo escrito por el economista Gary Becker (1968), ganador del Premio Nobel. La posición de la teoría de la elección racional es que el comportamiento delictivo no difiere del comportamiento no delictivo en el sentido de que se trata de una conducta que las personas eligen intencionadamente llevar a cabo (es decir, no se ven obligadas o forzadas a delinquir), y la razón por la que eligen cometer un delito es que piensan que les resultará más gratificante y menos costoso que el comportamiento no delictivo.

¿En qué consiste la Teoría de la elección racional?

La teoría de la elección racional presupone que el comportamiento delictivo, al igual que el comportamiento legal, no está determinado por factores biológicos, psicológicos o ambientales que actúan sobre la persona, obligándola a cometer delitos. Según esta teoría, los actos delictivos son el producto de una elección, lo que significa que las personas toman decisiones sobre si cometer o no delitos.

Si este es el caso, ¿por qué algunas personas cometen delitos sólo algunas veces? En otras palabras, ¿en qué se basa la elección de cometer un delito (y, por ende, de no cometerlo)? La respuesta es que, a la hora de decidir si cometer o no un delito, las personas se guían por su consideración de los costes y beneficios del comportamiento delictivo y de los costes y beneficios del comportamiento no delictivo como alternativa.

La decisión de delinquir o no se basa en una ponderación racional de estos dos tipos de costes y beneficios. La teoría de la elección racional no presupone que las personas sean perfectamente racionales en su toma de decisiones; es decir, toman atajos a la hora de recopilar información sobre los costes y beneficios de cada curso de acción, pueden estar mal informados sobre los distintos costes y beneficios, y pueden no sopesar adecuadamente cada factor, pero poseen la suficiente racionalidad como para dedicarse a la recopilación de información, y consideran y sopesan las consecuencias de sus acciones antes de decidir qué acción tomar. En otras palabras, las personas pueden ser malas tomadoras de decisiones, pero son tomadoras de decisiones, y si no poseen una racionalidad perfecta, al menos poseen una racionalidad mínima o limitada. También es importante entender que los costes y beneficios tal y como los percibe o entiende la persona que toma la decisión.

Puede ser que la utilidad del delito sea mayor porque los beneficios esperados son mayores que la no delincuencia o porque los costes esperados son menores que la no delincuencia. Sea cual sea el caso, el modelo de elección racional de la delincuencia presupone que, por término medio, se elegirá el comportamiento que prometa una mayor ganancia.

Aplicaciones de la Teoría de la elección racional

El delito se producirá siempre que un posible delincuente piense que las ventajas o beneficios del delito superan tanto los costes del delito como los beneficios y costes de no delinquir. Para reducir la delincuencia, se podrían tomar una o todas las cuatro acciones generales siguientes:

Aumentar el coste del delito

Una de las vías más frecuentes de la política de justicia penal es aumentar las penas formales por los delitos con la esperanza de que ese aumento reduzca la comisión de ese delito concreto (y quizá de otros, si se produce un efecto indirecto por el que si castigamos más severamente el delito X también se inhibe a la gente de cometer el delito Y). Pensaron esto porque asumieron (implícita o explícitamente) que los delincuentes y los posibles delincuentes son seres racionales que tienen en cuenta los costes y los beneficios de su comportamiento, y si un comportamiento se hace más costoso con el aumento del castigo, entonces las personas racionales serán reacias a cometerlo.

Aumentar los beneficios de las actividades no delictivas

Aumentar los costes de la delincuencia es sólo una de las formas de reducir el nivel de delincuencia según la teoría de la disuasión y la teoría de la elección racional, también se puede reducir la delincuencia aumentando los beneficios de las actividades que compiten con la delincuencia. Una de las formas de aumentar los beneficios de la no delincuencia sería ofrecer oportunidades profesionales y puestos de trabajo a los individuos que corren un alto riesgo de cometer delitos, así como facilitar que los que ya han cometido delitos se aparten de ellos en favor de oportunidades más convencionales. De modo que en la medida en que la formación y las perspectivas profesionales a largo plazo superen a las que ofrecen las oportunidades ilegítimas, se elegirá la vía de la formación y la educación laboral en lugar de la delictiva.

Reducir los beneficios de la delincuencia

Hay varias formas de reducir los beneficios de la delincuencia. Una de las características de la delincuencia es que, por lo general, es la forma más fácil de satisfacer las necesidades propias. Los beneficios de la delincuencia pueden reducirse si el delito se hace más difícil además de más costoso. Cualquier acción por parte de la sociedad en su conjunto o de las víctimas potenciales individuales para hacer que el delito sea más difícil, que consuma más tiempo, que sea menos lucrativo económicamente, son formas de reducir los beneficios del delito. Si se reducen los beneficios del delito, éste será menos probable porque tiene menos utilidad o es menos rentable.

Reducir los costes de la no delincuencia

Una última forma de reducir la delincuencia, según la teoría de la elección racional, es reducir el coste de adoptar un comportamiento convencional. Una de las razones por las que tantos ex delincuentes cometen delitos al salir de prisión es que les dificultamos o encarecemos la posibilidad de convertirse en ciudadanos «normales», hasta el punto de que el delito es más fácil y tiene más utilidad. Si eliminamos estas barreras o los costes de la no delincuencia, lo más probable es que sean más atractivas que las alternativas delictivas.

Conclusiones

La teoría de la elección racional presupone que no existe una motivación fuerte o imperiosa para cometer actos delictivos, en cambio, el delito se produce cuando alguien piensa racionalmente que un curso de acción delictivo tiene más beneficios y menos costes que un curso de acción alternativo no delictivo. Los teóricos de la teoría de la elección racional creen, por tanto, que los delincuentes son lo suficientemente racionales como para calcular los costes y los beneficios tanto del comportamiento delictivo como del comportamiento convencional y que, por lo general, elegirán el comportamiento con la mayor utilidad. Esto no significa que las personas recojan toda la información necesaria antes de tomar una decisión, o que sopesen perfectamente los distintos costes y beneficios de delinquir y no delinquir. La teoría de la elección racional simplemente supone que las personas son lo suficientemente racionales como para que les influya lo que creen que son las ganancias y las pérdidas de los distintos cursos de acción.